Ni un ministro solo, ni un Gobierno solo pueden afrontar con éxito el desafío de la educación
Ésta y otras frases del nuevo Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, han traído un vientecillo de esperanza al maltrecho mundo de la educación. Con una decidida actitud para intentar conseguir el ansiado Pacto Educativo de Estado, por el que suspiramos, ha hecho que cada parte implicada haya explicitado sus posturas, lo que no es poco para empezar.
Como siempre, uno de los problemas es que cada parte intenta mezclar propuestas que no son tales, sino meros fines, en esa tendencia tan marcada que tenemos hacia la inconcreción. Por ejemplo, ¿quién no está de acuerdo con “impulsar las nuevas tecnologías en la educación”? Si todos estamos de acuerdo, entonces no es una propuesta. No discutamos principios, frases hermosas, sino medidas concretas. Sólo así podremos alcanzar un Pacto que a estas altura ya no es sólo educativo, ya no es sólo social; es de supervivencia económica.
Ángel Gabilondo cree en la posibilidad del Pacto, y de hecho ha advertido que podría estar listo en dos meses. Al menos está dando pasos serios para intentarlo. Ahora es el momento de la responsabilidad. Nadie debe esperar que el sistema educativo nacido del Pacto salga a medida de sus ideas. Podría haber miles de posibilidades de diseñar un sistema educativo para España: cada uno tiene su ensoñación sobre cómo sería su sistema ideal. En total, hay cientos de miles de sistemas educativos ideales: uno por docente, uno por politico. Cada uno pide la Unidad, entendiéndola generalmente como la adopción de su modelo. Pero la Unidad, si puede existir, exige renuncias.
Exige conocer de antemano que el Pacto al que se llegue no será el sistema ideal que nosotros construiríamos.
Quizá no sea el sistema ideal para nadie. Ésa es la única Unidad posible.
Multimedia
Entrevista al Ministro Ángel Gabilondo por su hermano Iñaki Gabilondo en Cuatro.
Entrevista en Servimedia.

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Las buenas intenciones no son suficientes. Cuando el problema empieza porue muchos no ven problemas, y les parece que las cosas marchan bien, creo que no hay nada que hacer. Lo primero es reconocer un problema creado por una legislación con buena intenciones, de la que enseguida vimos sus fallos, y que nadie se molestó en ir corrigiendo. Veinte años después, cuesta mucho cambiar el rumbo. Normal. Pero lo primero, humildad. Reconocer el inmenso error de haber desacreditado el esfuerzo y la superación con las promociones automáticas y todas las demás utopías.